YA ES OTOÑO ¡JACKET UP!


Empieza octubre, y con la caída de la hoja, el cambio de horario y la recogida de hongos, llega la elección de mi nuevo vestuario.

 

Siempre me ha gustado buscar una prenda que sea el eje de mi manera de vestir durante la temporada.
Los dos últimos años le di buen uso a mi visera. La cual creo que seguiré manteniendo hasta que llegue el momento de usar un sombrero de copa o un bombín –lo que llegue antes–. Así que a ver qué encuentro para éste.
Aunque la verdad es que en esta colección otoño/invierno, dado como están las cosas, la prenda sobre la que hago girar mi vestuario, igual es un bonito batín. ¡Quién sabe!

Oyendo el otro día el podcast de mi amigo Javier Aznar, hablaban de la recuperación de la chaqueta austriaca como parte del armario masculino (cosa que aplaudiría sin duda, dado que siempre ha formado parte del mío). Pero yo iría más lejos, porque tengo algo a lo que llevo dando vueltas una buena temporada: una capa. Pero tendría que buscar bien qué modelo, porque no quiero convertirme ni en Batman, ni mucho menos en Ramón García.

Tal vez buscaría una capa-trenca (si eso existe) de loden verde (mezcla entre Francisco José de Austria y un español de clase media-alta en la España de los años 60 y 70).
Eso habría que combinarlo con unos pantalones de tweed liso (o de sarga, para los momentos más atrevidos). Y con unos buenos botines –que es otra de las prendas que quiero, pero no me decido a usar–.
El otoño es ya frío en Valladolid (y el invierno más, por descontado). Así que esta combinación me daría mucho juego durante varios meses.

Otra opción sería un poncho. Pero esto lo tendría que estudiar más porque podría acabar siendo, en el mejor de los casos, Clint Eastwood; y en el peor, Evo Morales.

Lo malo, es que en este momento estoy embarcado en una dura cruzada contra mi alimentación descontrolada. Lo que, junto con mi actividad física, que roza la parálisis, ha hecho que mi talla oscile al alza. Y éste nunca es el mejor momento para afrontar cambio de ropa. Porque puede que la que hoy me esté bien, mañana me quede como si fuese un rapero de los ’90.
Pero bien pensado, la capa-trenca y el poncho, pueden ser unos ilustres aliados a la hora de tapar toda la superficie que se encuentren sin necesidad de tenerse que ajustar a un perfil establecido. ¡¡Bien por ellas!!

 

De todas maneras, como he dicho antes y dadas las circunstancias, espérate si no voy a tener que invertir en vestuario para vivir confinado de nuevo, más bien.
Cierto es que nunca me ha gustado vestir de forma desaliñada aún no teniendo intención de salir a la calle. Pero he de reconocer que durante estos meses me he hecho fan de los pantalones de estar en casa y de usar polos de manga larga y sudaderas. Hasta he osado por cambiar mis zapatillas de piel por unas Converse Weapon, en un extraño giro de mi concepción de la comodidad.

A este paso veo que me acabo haciendo un pijama bespoke.
Shit happens…

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

P.D.: sin duda, el haber estado haciendo la web de una estupenda sastrería madrileña –Sastrería Serna– ha hecho que la elección de un nuevo vestuario esté siendo bastante más fácil.

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