¡VIVA LA VIRGEN DE SAN LORENZO!


Lo que viene a continuación está basado en hechos reales.

“Eso está al lado de La Antigua, porque se ve detrás Las Angustias”.
De repente te das cuenta que tu vida ha cambiado tanto que para hacer referencia a un sitio, hablas de iglesias en vez de bares.

 

Y es que de septiembre en septiembre el tiempo transcurre. Y por el irrenunciable desarrollo de la vida, yo con él.
Pero no pasa nada es mejor eso que morirse. Es algo natural que a todo el mundo le sucede. No hay que asustarse ni crear dramas.

Hace unos minutos, departiendo cordialmente con los amigos a través de los medios actuales disponibles, hacíamos memoria de que no hace tanto, en estas mismas fechas, estaríamos programando una calimochada mañanera, seguida de comida en las casetas, parada en las Ferias de arriba, concierto en la Plaza Mayor, y baile hasta el amanecer.
Y así un día tras otro, durante una semana. Escalofríos han recorrido mi cuerpo.
Como dice mi amigo Emiliano, “Sólo de pensar en ese polo de peñista ya impregnado de todos los olores y sabores de las fiestas, me dan todos los males”.

Es lo que había que hacer, y se hacía. Desoyendo, esta vez sí,  esa máxima apabullante –que todos los padres del mundo usaban para quitarte ideas peregrinas de la cabeza– de, “O sea, que si Fulanito se tira por el puente, ¿tú te tiras?”.
Pues sí, venga. Fulanito ya se ha tirado, así que ahora voy yo.

No estoy muy seguro de si ahora mismo añoro esa vitalidad o la repudio. Porque reconozco que de tenerla, dada la situación actual, puede que me llevase a la locura al verme encerrado en casa, en una época en la que se vivía en la calle. Con el rumbo marcado sólo por el albur de cada uno. De taberna en taberna, compartiendo cañas con gente que prácticamente sólo ves durante estas fechas.

Y es que aunque mi enoclofobia (Peque, quién me iba a decir que iba a usar esa palabra en algún momento de mi vida) no es nueva. Reconozco que las Ferias me han gustado siempre, salvo contadas excepciones en que me han superado un poco.
Me han ofrecido grandes momentos tanto en lo personal como en lo laboral. Siempre han sido una parada obligatoria para fortalecer amistades –y forjar algunas nuevas–. Fueron una buena piedra de toque para evaluar el fondo físico de cada uno, mucho antes de la aparición de los centros de crossfit.

En las ferias algunos vimos por primera vez actuar a nuestros grupo preferido en directo. Otros se iniciaron en el mundo de la cata de viandas de lo más diversas –en una época en la que la globalización lo más que te acercaba era la morcilla de Burgos y la chistorra navarra–. Y casi todos descubrimos el significado de la expresión “noches alegres, mañana tristes”.

 

En definitiva, una época de disfrute máximo, a la cual te ibas adaptando año tras año según las necesidades del momento, la edad, el estado anímico, la cartera, o el corazón. Y como las de este año están siendo las más particulares para muchos hasta la fecha, habrá que ver cómo afrontarlas.
Igual es buen momento para salir a la calle, con las medidas sanitarias oportunas, y conocer nuevas referencias locales para establecerlas en nuestro callejero particular, junto con bares e iglesias.

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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Comments (2)

  • Curi Reply

    Muy bien Patiño. Cuanta verdad.

    08/09/2020 at 9:07 pm
    • Paty Varela Reply

      Esto es lo que sale de nuestras conversaciones de WhatsApp, Torero!!

      08/09/2020 at 9:11 pm

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