NO QUIERO PERDER MÁS TIEMPO

 

Se acabó.
Voy a dejar de hacer el tonto intentando conquistarte.
Creo que ya ha sido suficiente el tiempo que he perdido persiguiendo algo que, está claro, nunca lograré.

 

Además, en el supuesto de que algún día lo lograse, siempre me dejaría en una situación de inferioridad.
No quiero ser la parte que hace todo el desgaste. Si ambos no ponemos de nuestra parte, vamos a vivir el resto de nuestra vida a base de remiendos. Y todos sabemos que eso no va a llevar a nada bueno.

He hecho de todo para llamar tu atención. Para conseguir que te fijases en mí de otra manera. Pero no he sido capaz de lograrlo.
Quiero dejar de ser siempre el que escribe primero. El que llama primero. El que acude primero a esa cita, que sin convocatoria previa, siempre se espera sea el inicio de muchas más.

Mis amigos, los de verdad, me lo han dicho muchas veces: «Déjalo. Está jugando contigo. Eres un muñeco en sus manos».
Pero no, he preferido engañarme que hacer caso a quién realmente me aprecia.
No hay más ciego que quien no quiere ver, ni más sordo que quien no quiere oír, y a día de hoy, sólo tengo tres sentidos funcionando.

 

Desde ahora mi teléfono sólo servirá para recibir llamadas. Mi teclado sólo podrá escribir respuestas

 

Al principio era divertido. De hecho me gustaba ser parte del juego del gato y el ratón. Pero con el tiempo me cansé de ser gato –o ratón, nunca he sabido quién de los dos era–.
Una cosa es tener que esforzarse para conseguir algo, y otra muy distinta es hacer méritos hercúleos para simplemente conseguir mantener un pequeño canto sobre la espalda. La proporción de esfuerzo ante recompensa esta muy desnivelada.
Y eso que ese pequeño canto ha sido durante mucho tiempo el cimiento sobre el que se mantenía el enorme peso de la esperanza de conseguir algo. Pero ya no. La base no era lo suficientemente robusta como para aguantar más. Se resquebrajó como el cemento mal compactado.

Desde ahora mi teléfono sólo servirá para recibir llamadas. Mi teclado sólo podrá escribir respuestas. Mis pies sólo se pondrán en marcha si alguien pulsa el telefonillo para decirme que baje. Quiero ser, por una sola vez en la vida, la parte interesante y no la interesada.

 

Eso sí, prometo que si me llaman, hablaré. Si me escriben, contestaré. Si pulsan mi telefonillo bajaré todo la raudo y veloz que pueda. Porque como he dicho al principio, cuando un esfuerzo lo hacen dos, el desgaste es menor y así es más posible que las cosas duren en el tiempo.

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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