NACIDOS PARA…

 

25 de agosto de 2019.

Se cumplen 44 años de la presentación al mundo del que es uno de los mejores discos de la historia para muchos, entre los que me encuentro, Born to run.
De paso, que se publicase unos meses antes de que yo naciese, me vale para indicar a todos aquellos que no aprecian algo por «antiguo», que no tienen ni puñetera idea de lo que dicen, y que deberían recalibrar su métrica para otorgar valor a las cosas.

He aprovechado esta efeméride porque me apetecía escribir de nuevo –a pesar que el tiempo estival no es el mejor momento para ello–, y qué mejor que celebrando la publicación de la magna obra que contiene Thunder Road (sé que siempre hablo de la misma canción, pero qué le voy a hacer si vivo enamorado locamente de ella, como bien relaté aquí).

Y además lo quiero hacer porque después de 44 años, mientras lo estaba escuchando para celebrar su cumpleaños, me he dado cuenta que me sigue enseñándo cosas nuevas. Y es que esta vez, sin querer y a pesar de haberla escuchado cientos de veces antes, nunca me había fijada en la increíble trompeta de jazz que abre Meeting Across the River.

¿Por qué ahora y no antes? ¿Qué ha hecho que me haya fijado justamente hoy y no en ninguna de las igual 200 escuchas previas?
Pues quién sabe!!
Y justamente ahí radica la magia de la música. Nunca sabes qué te va a hacer sentir una canción en un determinado momento o qué tipo de matiz es el que vas a captar una tarde cualquiera de agosto.

La canción es la misma hoy que hace 44 años, por lo tanto debe ser que eres tú el que ha cambiado, ¿no?.
Igual la famosa mariposa esa que aletea sus alas desde el otro lado del mundo para que pasen cosas, ha dirigido hoy su suave sentir hacia mí. Quién sabe!!

La cuestión es que la he percibido completamente distinta, y me ha gustado. Me encanta que haya cosas que me sigan sorprendiendo después de tanto tiempo, sobre todo porque eso significa que dado que la canción es la misma, como he dicho antes, soy yo el que evolucionado (o involucionarse, vaya usted a saber).
¿Se habrá educado mi oído a base de escuchar a Miles Davis? ¿Me habré educado yo y ahora presto atención a cosas que antes pasaba por alto como por ejemplo un sólo de jazz en una canción de rock (o a las pasas)? ¿Esto es madurar?
Dado que aún no me han salido las muelas de juicio, empezaré a tomar otro tipo de referencias –como ésta– para considerar mi evolución positiva por la vida.

De nuevo vuelvo a hablar de algo, de Born to run hoy, sin hacerle prácticamente mención. Pero es que ya sabéis que con datos técnicos ya hay muchas referencias, y que me gusta más hablar de sentimientos o vivencias ( «de un tiempo que no podré olvidar» que diría Julio Iglesias, que para quién no lo sepa, nació el mismo día que Springsteen), ya sean mías o de los de mi alrededor, porque considero que son cosas que al ser más cercanas a todos, tal vez consigan hacernos recordar algún momento que teníamos olvidado en una esquina de nuestro cerebro, de esos que nos hacen esbozar una sonrisa, erizarnos la piel o derramar una lágrima.

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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