MIS CANCIONES: VENDAVAL

 

Puede que más de uno –y de dos– no tengáis ni idea de la canción sobre la que voy a hablar (e incluso puede que sólo seáis uno o dos los que la conozcáis), pero os diré que Los Madison, sus autores, son uno de los mejores grupos de rock que ha dado este país en los últimos 20 años.
Potencia en las melodías, letras de esas que se clavan directamente en la medula espinal para llegar más rápidamente al sistema nervioso, y un sonido compacto de los que sólo salen de las bandas que se entienden simplemente con mirarse entre ellos, sin necesidad de mediar palabra.

 

He de decir que Los Madison son mi familia, uno por sangre y el resto porque así lo quiso el destino. Así que estas palabras las voy a escribir con cabeza, y sobre todo con mucho corazón. Porque hoy no he venido para ser, como siempre, imparcial, sino para describir con mis propias palabras lo que siento por las canciones y los grupos sobre los que hablo. Y estos tipos han vivido mucho conmigo, y yo con ellos mucho más.
Así que este relato versará sobre mi verdad, que no siempre es la de los demás.

Vendaval es la declaración de un perdón.
Si alguna vez alguien se tuviese que disculpar conmigo, querría que fuese así, porque ésta es una canción imponente, mayúscula, de las que crecen según transcurren los segundos.
Encima se pide perdón de la manera más difícil: asumiendo uno mismo la culpa y reconociendo el error. Y eso es algo tan inusual que se hace raro verlo, escucharlo, y sobre todo, vivirlo.

Así somos muchas veces las personas, prisioneros de nuestros propios errores; y ciegos ante la realidad por los más diversos motivos. No podemos ver lo que sucede a nuestro alrededor, y lo que es peor, muchas veces no queremos verlo. Así que cuando alguien es consciente de ello y tiene el arrojo –por no decir los cojones– de reconocerlo, hay que aplaudir la decisión. Y si encima lo hace componiendo esto, uno puede hasta rendir pleitesía a quién lo hace ante su paso.

Escuchar esta canción en directo –ya sea en acústico, con banda, recogido en un café teatro o en la inmensidad de una gran sala de conciertos- era una maravilla. Se podía respirar la intimidad del momento a pesar de estar rodeado de miles de personas. Se veía a una persona abrir su alma ante quien recibía esa disculpa.
Pero lo más importante para mí, era,–mientras la escuchaba– hacer mi propio examen de conciencia previo a confesión. Buscando actos de los que arrepentirse. Y sobre todo, buscando personas ante las que disculparme.
Éste es un ejercido de lo más sano y reconfortante. Probad a hacerlo.

 

Los acólitos de Los Madison seguimos esperando a que un nuevo vendaval vuelva a soplar, arrastrando el polvo que hace que las cosas no funcionen. Nunca se puede perder la esperanza de que esto suceda, porque no es justo que canciones como “Ayer”, “Sin recoger” o “Ropa nueva” –que puede que sea la canción que más veces he escuchado de manera consecutiva en mi vida, por una mujer, por supuesto– no vuelvan a sonar nunca más en manos de todos los que las dieron forma.
Es justo y necesario.

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis

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