MIS CANCIONES: UN DÍA DE MIERDA

A  mí también me ha pasado. Yo también he tenido unos de esos días «de mierda»…

Y es que «mandar un mensaje ebrio, con las primeras luces del domingo» puede ser la génesis del Apocalipsis personal en que se convertirá el día en cuanto amanezcamos con menos alegría de la que nos acostamos.
¿Por qué lo habré mandado?, te podrás preguntar.
Pues porque tiene que ser así. Sin riesgo no suele haber victoria.

¿Que hay otros medios? Por supuesto, pero más aburridos y menos intrigantes. Y el ser humano, a pesar de la posibilidad de fracaso, suele optar por la opción menos sensata, y más cuando nuestra vertical está en claro proceso de inclinación y bamboleo. Las noches dan muchas vueltas, y en ciertos momentos, la cabeza más, y no precisamente de pensar.

Ésta es, de nuevo, una enseñanza de la vida. Un peldaño más en la escalera del aprendizaje, y además éste suele ser el peldaño en el que más tropezamos y en el cual más caemos. ¡Bien por ello!
Y a las malas, si hay derrota, siempre podrás usar la anécdota para echarte unas risas con los colegas, mientras te tomas unas cañas –dado que la vida es mejor tomársela con humor, y con cañas–. O para escribir una canción, como Sidonie.

 

«No peques y no te arrepientas», dirán algunos, pero como bien dirían otros, «de algo hay que morir».

 

Nunca podré decir que fui fan de Sidonie desde el principio de los tiempos, porque simplemente los conocía como aquellos chicos que cantaban en inglés una canción llamada «On the sofa» y que un buen día escuché en la radio de un coche bajando de la facultad; pero sí que puedo decir que con el tiempo, y a medida que los he ido descubriendo, se han convertido en uno de mis grupos fetiches del panorama musical español.
Y son, además, el grupo más divertido del mundo para ver en directo y pasárselo realmente bien. Jamás se dejan nada en el tintero, así que no se les podrá acusar nunca de indolentes.

En un repertorio lleno de canciones animadas, se sacaron de la manga «Un día de mierda», que podríamos decir que es, si es que eso existe, una canción de domingo.
De las que hablan de estar despellejado en casa, sin fuerzas siquiera para dejar de mirar a un punto muerto de la habitación. Aturdido y abrumado, por la duda de los celos –como dice el tango–, pero en vez de por los celos, por la consecuencia de los hechos consumados la noche anterior, producto, sin duda, de la exaltación a la que elevamos nuestro espíritu y llevamos nuestros actos.
«No peques y no te arrepientas», dirán algunos, pero como bien dirían otros, «de algo hay que morir».

Queremos más canciones de estás. Primero porque son de las que se pueden cantar a grito pelado allá donde estés. Son de las que se convierten en bandera de un grupo. Pero sobre todo porque con ella los Sidonie han compartido con nosotros su propia experiencia, la cual estoy seguro que todos hemos vivido más de una vez. Y como compartir es querer, compartamos y querámonos!!

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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