MI 7º ARTE: ONCE

 

Antes de nada, pincha aquí y escucha esto antes, durante, o después de leer lo que te voy a contar. Así estoy seguro que entenderás mejor todo, y con un poco de suerte puede que hagas tuya esta canción para siempre.

 

Once es una película a la que se llega de casualidad, o bien gracias a que tienes la suerte de tener a alguien al lado que te conoce bien y te la recomienda, sabiendo que te va a gustar sin ningún tipo de duda.
Porque es eso, una película de las que se recomienda con la certeza de que a alguien le vas a descubrir algo que le va a emocionar, que le va a hacer disfrutar, y que va a hacerle pensar en que la vida es a veces algo tan simple que asusta la complejidad con la que la afrontamos en muchas ocasiones.

Música y Dublín, chico y chica, guitarra y piano (y una aspiradora).
De esta mezcla sale algo que aun por muy manido que pueda estar no deja de gustar. Porque además es otra manera de contar una típica historia (y que con tanto acierto el mismo director casi replicó en Begin Again).
Y lo hace de manera natural, casi en forma de ensayo y sin grandes artificios escénicos –que por otra parte, con semejante banda sonora e Irlanda de fondo, no hacen falta para nada–. Cuando te quieres dar cuenta eres parte de la película, y respiras su ambiente tan especial y delicado. No lo notas, pero vives lo que ellos viven, y puede que hasta sientas lo mismo. Porque quién, y con esto no hago ningún spoiler, tranquilos, no ha sufrido el desamor.

 

Es simplemente una película sincera, con momentos alegres, momentos dulces, momentos menos dulces, y alguno que otro un poco amargo, incluso.

 

Y es que de nuevo llegamos a ese punto en el que un corazón roto –en dos o en mil pedazos–, es tan potente que es capaz de dirigir al resto del cuerpo de tal manera que los sentimientos son capaces de ser plasmados en forma de melodía, creando bellísimas canciones desde un germen de dolor y pena (ella misma dice, casi al comienzo de la película, «sin sufrir nadie escribe así»).
¿Por qué será?

Pero no os vayáis a imaginar que es una película triste, no. Es simplemente una película sincera, con momentos alegres, momentos dulces, momentos menos dulces, y alguno que otro un poco amargo, incluso. Pero que transmiten lo que es la realidad de muchos en su día a día (un día a día tal vez un poco especial, porque no mucha gente es capaz de componer cosas así).
Y es que la vida puede ser tan maravillosa que con poco se puede llegar a tener todo lo que uno pudiera desear, por mucho que nos pueda parecer imposible en este momento tan materialista y efímero en el que vivimos.

Y ahí puede que radique la magia de esta película (por lo menos para mí, así es). ¿Tanto nos hemos acostumbrado al brillo exterior de las cosas que no somos capaces de disfrutar del interior de las mismas por habernos quedado deslumbrados previamente?
En lo más sencillo muchas veces está lo más bello. En lo más cotidiano podemos encontrar lo que siempre hemos estado buscado en lo extraordinario. Puede que pase a nuestro lado cada día eso que siempre hemos deseado, pero que por fijarnos sólo en lo que refulge, nunca hemos visto.

Once hace que pensemos en esto de manera sutil, contando una bonita historia acompañada de una impecable banda sonora que es al mismo tiempo protagonista y actriz secundaria.
Así que disfrutad de ella con calma y sin distracciones, dado que su corto metraje hace que cada segundo sea digno de disfrutar con el 100% de todos nuestros sentidos.

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

 

P.D.: estoy seguro que no habéis sido capaces de escuchar sólo una vez la canción y que la tenéis en bucle al igual que la he tenido yo mientras he escrito esto.

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