LISTAS DE REPRODUCCIÓN

Desde hace una temporada, cada vez que me da por escribir un post, intento crear al tiempo un lista de música en Spotify, porque me parece una estupenda forma de acompañar mis pensamientos con música.
No es que sea una lista que esté relacionada con lo que he escrito –aunque alguna vez sí lo ha sido–, sino simplemente en ella recojo lo que he ido escuchando entre un post y otro.
Es un poco la música de mi vida en ese periodo de tiempo.

Y la verdad es que las listas de reproducción se han convertido un poco en los diarios modernos, de una forma un poco encubierta,  siempre y cuando partamos de la base que cualquier canción tiene asociado un recuerdo a ella.
Con ellas podemos revivir, cada vez que las escuchamos, lo que nos sucedía en el momento en que incluimos esa canción en el listado, o en qué o en quién pensábamos cuando lo hacíamos.
Y sí, aunque esas que se llaman «Todas» o «Fiesta» también pueden cumplir ese cometido, yo me refiero a las que son un poco más personales, que las tenemos, aunque no las publiquemos.

Ya en su día escribí sobre varias que creé, y que llamé «iPhone«, que usaba cuando iba en el bus –que es un momento estupendo para relajarse escuchando música, y más si el trayecto es medianamente largo–, o «Cary Grant nunca lo haría«, que es una auténtica cortavenas.
Pero a las que de verdad me refiero son las listas «con nombre y apellidos».
Sí, sí, esas que escribimos cuando, o bien estamos enamorados hasta el tuétano y todo a nuestro alrededor tiene más color que una caja de pinturas, o bien tenemos el corazón más acuchillado que el cuerpo de Julio César.

Si la vida nos sonríe, y ella nos hace caso, simplemente tendremos que evocar su presencia para que automáticamente broten canciones. Entonces a lista se llenará de «la primera que escuchamos juntos», «la que oímos siempre en el coche y que cantamos a voz en grito», «la que sonaba en esa peli que tanto nos gustaba».
Éstas son fáciles de crear, porque hasta la bazofia más inmunda nos gustará al ir impregnada de su esencia. He llegado a adorar canciones que ahora mismo me harían vomitar una a una todas las mariposas que tenía revoloteando en el estómago aquellos días. De verdad os lo digo.

¿Pero qué pasa si oscuros son los nubarrones que se ciernen sobre nosotros?
Haremos la lista más triste del mundo con aquellas canciones, o bien que nos recuerden a ella para acabar de hundirnos pensado en su recuerdo, o bien con «la biblia» de las canciones tristes de ayer, hoy y siempre (que cada uno se aplique las de su época, pero que no se olvide de incluir «Unchained Melody«, «When a man loves a woman» y «I will always love you» , que son al desamor lo que las canciones de Rocky a la música para practicar deporte). Y además, según las escuchamos, las cantaremos con todo el sentimiento que podamos, entre sollozos que sólo conseguirán que las cantemos aún peor.
Y por supuesto, en ese momento desearemos haber cumplido aquello de «la próxima vez que tenga novia, voy a empezar a escuchar canciones de mierda, para que cuando lo dejemos no me joda no poder volver a oír los temas que me gustan».

Pero bueno, yo os animo a seguir creando listas de música, que siempre está bien poder recordar nuestro paso por la vida a través de esas canciones que nos rodean, porque de todo se aprende.

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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