LA VIDA SON MOMENTOS

 

La vida son momentos, y por tanto han de ser vividos como se merecen. Con intensidad, con ganas, con valentía. Porque nunca sabes si va a haber más, dado que como decía el sabio, “Vive cada día como si fuese el último, y algún día acertarás”.

Esos momentos a veces se viven en soledad. Pero muchas veces -la mayor parte de ellas-, en compañía.

Y entre esas veces, puedes tener la suerte de vivirlas al amparo de la mayor panda de canallas que uno se puede imaginar, y que también tienen el sobrenombre de “los amigos de toda la vida”.

Y cuando digo canallas, lo digo con la boca llena de verdad, y en el mejor sentido que pueda tener la palabra.

De esos canallas que al mismo tiempo que te cantan verdades de las que te hacen ponerte colorado, te están pidiendo un Black Label con hielo para que pases el mal trago de la mejor forma posible, y te abrazan al dártelo, mientras te dicen, “que grande eres, cabronazo”.

De esos que conoces desde hace tanto tiempo que cuando lo piensas te mareas, dado que fue con ellos con los que aprendiste lo que significaba la palabra amistad, en un tiempo en el que tu vocabulario sólo se componía de mamá y papá.

De esos con los que has vivido tantas aventuras, que cuando las recuerdas una y otra vez, llegas a dudar que sean verdad, porque son tan auténticamente gloriosas que en manos de un plumilla de categoría, darían para una colección de relatos, que podrían estar a mitad de camino entre la magna obra de Pérez Galdós y el esperpento de Valle-Inclán, pasando por el costumbrismo de Buero Vallejo.

Ese tipo de canallas, con los que te juntas menos veces de las deseadas, por los motivos que sean, pero que cuando lo haces, sabes que nada malo va a ocurrir. Y sobre todo, sabes que nada aburrido va a suceder.

Porque a pesar de peinar ya más canas de las que quieres aparentar, estando juntos parece que el tiempo no haya pasado, y Smells like teen spirit sigue siendo la canción que suena a diario en la radio -aunque también es cierto que nosotros elegimos Sweet Caroline como himno-. Porque seguimos siendo capaces de cerrar tantos o más garitos que Sabina, a pesar de tener un arranque marcado por la incertidumbre del “¿Aguantaremos?“. Porque aún generamos facturas que incluyen 36 cañas entre 6, más una ración de cazón y otra de boquerones -que no se llegó ni a terminar- pedidas porque “algo habrá que comer”. Porque somos capaces de hacer que la Black and White Ball de Capote, se convierta en una fiesta del montón.

Pero sobre todo, porque después de casi 40 años de convivencia, hemos logrado que nos sigamos viendo como esos chavales con toda una vida por vivir, descubrir y disfrutar, y que seguimos creando esos momentos, que como dice el título del post, componen nuestra vida.

 

Besos para ellas, y una abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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