HÉROES DEL 1.0

Peleamos tantas veces por objetivos inútiles…

Buscamos tantas veces El Dorado, que no somos conscientes que en muchos casos ya hemos llegado a él.
Pero como no vemos su brillante refulgir, pensamos que tenemos que seguir con nuestra interminable búsqueda de una soñada meta.
Somos prisioneros de nuestras propias ilusiones, y no porque no debamos tenerlas –que deberíamos tener casi por obligación–, sino porque muchas veces permitimos que esas ilusiones oculten unas realidades iguales, o incluso mejores, que ellas.

En estos tiempos modernos en los que el internet de las cosas está a punto de envolverlo todo, la vida 2.0 es el pan nuestro de cada día, luchamos en demasía por ser populares en cualquier tipo de red social en la que estemos.
Nos encantan los fans, lo followers, los like, los FAV, los pins, los RT, etc. porque puede que así luego creamos que somos algo más de lo que realmente somos.

Yo soy el primero que tiene el egocentrismo tan elevado que estas cosas me gustan, y negarlo sería engañaros. De hecho escribo un blog bajo una URL que es mi propio nombre, por si alguno lo dudaba de mi egolatría.
Cuando las cosas que escribo, publico, comento o muestro, no funcionan, me como la cabeza más de lo que debería, preguntándome el porqué de eso.
Sí, soy humano y me gusta que todo lo que hago brille lo máximo posible, y cuando ese brillo no pasa del mate, me decepciono.

¿Y qué hago en estos casos, además de pensar en borrarme de cualquier comunidad virtual 2.0 que me alberge?
Pues justamente pensar en el mundo 1.0. En el mundo real, tangible, que tantas alegrías me da.
Ese mundo que puedo percibir cada vez que me subo a la cabina a poner música, cada vez que salgo a dar una vuelta, cada vez que bajo al supermercado. Ese mundo que me arropa y me demuestra que no le apreciamos muchas veces como se merece, cautivados por la fanfarria y el colorido de otros mundos.

Hace unos días, sin ir más lejos, me he dado cuenta de la importancia que tiene cultivar ese trato directo con las personas –escrito «directo» y pronunciado «a las 8 quedamos a tomar una caña y así vernos un rato»–, y gracias a ello, unos buenos amigos han conseguido que, por lo menos durante unos días, recupere 100% la confianza en la raza humana.
Y todo lo que han logrado ha sido gracias a tratarnos a todos y cada uno de los que con ellos estuvimos como lo que somos, personas.
Personas que simplemente queremos que nos traten como tal, y no como a un avatar. Personas que nos emocionamos, que sentimos, que amamos. Que cuando estamos de capa caída, una sonrisa, un abrazo, o un «espabila, cojones, que no se diga que esto va a poder contigo», nos hace volver a sentir vivos.

Así que vivamos la vida 2.0, sí. Pero no nos olvidemos de vivir más la 1.0. La de verdad.
Es mucho más reconfortante, os lo aseguro.

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

P.D.: si queréis saber como recuperé la confianza en el ser humano, pasaos por We Can Be Heroes, y podréis ver de qué os hablo.

 

*transcripción exacta de este texto:

Heroes-1

Heroes-2

 

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