EL ALCOHOL Y LA DEMOCRACIA

Tuve boda en Madrid el sábado, y como toda persona de bien que se precie, salí el viernes.

Para variar, acabé entrando en una de esas discotecas en las que es más fácil pedir una botella en la puerta que hacer la cola pertinente que tiene cualquier establecimiento de la capital –ya sea una panadería, una administración de lotería o una escuela para aprender a hacer cola–.
No me preguntéis el nombre del local, porque no me acuerdo. Y mucho menos, dónde estaba.

– ¿Qué pedimos?
– A mí me gusta el whisky.
– A mí la ginebra.
– A mí el ron…
– Vale, entonces una botella de vodka.

¿Esto es lo que llaman la elección del mal menor?
¿O tal vez es aquello de «O jugamos todos o pinchamos la pelota»?

Dado que la elección del alcohol importaba poco, lo que te echases con él, menos.
A día de hoy, aún no estoy muy seguro de con qué bebí el vodka. Primero porque creo que jamas llegaré a ser sumiller, ni aunque en la elección para ello quedásemos finalistas el desagüe de un fregadero y yo; y segundo, porque no nos engañemos, hay ciertas copas que saben todas igual en ciertos sitios, y más a ciertas horas.

Además, de noche, y esto lo he aprendido con los años, todos los gatos son pardos, las mujeres guapas, y las copas se vuelven de un color atornasolado que hacen imposible su identificación visual, a no ser que tengas poderes en los ojos.
Y si quieres diferenciarlas con el olfato, lo más que vas a conseguir es beber por las fosas nasales, porque siempre hay alguien que en ese justo momento te empuja, y haces que toques el culo del vaso con la punta de la nariz.

Pero bueno, que allí nos tomamos unos combinados entre intento de baile e intento de baile; y digo intento porque como bien sabréis, yo instrumentos invisibles toco todos los que hagan falta, pero bailar, lo que se dice bailar, lo mismo que la fea de un pueblo cuando había carnet de baile…
Y como con esa música que había, yo únicamente «put my hands up in the air»,  y con eso sólo no basta, a no ser que quieras que parezca que estás llamando al camarero todo el rato, el resultado fue lamentable.

Así que menos mal que alguno de mis amigos dijo sabiamente:
– Vámonos, que en unas horas tenemos que pasar revista, y como nos despistemos un poco, lo más que vamos a pasar es un mañana horrible…

Por qué no dejaré ya de ir a discotecas, si hay ciertas horas en las que el mejor sitio en el que puedo estar es, no sé, desayunando unos torreznos y unas bravas, por ejemplo!!

Besos para ellas y una abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

P.D.: increíble boda. Salió todo a la perfección.
Bárbara, Pablo, no me cansaré de decirlo una y otra vez, gracias, gracias, y nuevamente gracias!!

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Comments

  • 28/04/2016

    Javier

    Eso sería idea de Borja o Franki. Y yo tengo una pregunta, ¿por que no me recomendasteis a mi irme a casa? ¿Me queríais como un muñeco?

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