CUARENTA Y CINCO


Ayer estuve viendo una de esas pelis en las que, como me pasó en TV con Friends, sus personajes han pasado de ser mis hermanos mayores a ser mis hermanos pequeños. Cuatro bodas y un funeral.
Y caí en un detalle bastante significativo. Por primera vez desde hace 18 años, el año va a acabar sin que asista a una boda.

De aquí podemos deducir dos cosas.
La primera es que tengo muchísimos amigos que han contado conmigo para pasar el día más especial de su vida. Y la segunda, y no menos importante, es que empiezo a tener más años que un bosque viejo.
Si los años dan un poso sabiduría, la mitad de la Enciclopedia Británica descansa sobre mis espaldas.

Pero como siempre digo, no tengo ningún problema en cumplir años (problema sería no cumplirlos, dense cuenta). Es más, me encanta recibir llamadas de gente de lo más dispar, con los que comparto recuerdos, realidades, esperanzas, y alguna que otra fantasía. Y en un momento como el de ahora, con la sociedad más polarizada que recuerdo, nada hay más importante que sentirte unido a cuantos más puntos posibles. Demostrando a todos aquellos que se empeñan en separar, que nada hay más fuerte que la unión.

Me he pasado el día hablando por teléfono. Hacía muchos años que no hablaba tanto.
Creo que durante estos últimos meses de anormalidad, algo sí ha cambiado en nosotros –por lo menos en una parte–, y estamos empezando de nuevo a invertir en relaciones humanas.
Todo por la sencilla razón de habernos dado cuenta, ante su falta, que nada provoca más candor cuando hace frio, ni acompaña tanto en la soledad que saber que podemos contar con los nuestros cuando hace falta.
Tenerlos cerca, de la forma que haya sido, a pesar de la distancia y las medidas sanitarias, ha sido uno de los grandes descubrimientos de esta mísera y desagradable etapa que nos ha tocado vivir.

Soy poco amigo de las palabras motivadoras, porque soy un descreído –o porque igual no he dado nunca con alguien que me las diga de verdad–, pero lo que se agradece cuando te hablan desde el cariño los amigos. Ante esto, no hay Mr. Wonderful que valga.
Y parece que vamos recuperando la sana costumbre de cuidar muy mucho de nuestro entorno. De los nuestros y de lo que les rodea. Entre otras cosas porque la solidaridad y la empatía hace que igual que tú cuidas de ellos, ellos cuidan de ti. Y da un gustirrinín!!!!

No me quiero poner tan meloso, porque no es momento ni lugar, así que iremos acabando indicando que el año natural que acabo de terminar ha sido más de lo mismo. Sigo sin tener ni carnet de conducir, ni novia. Lo demás, minucias.
Aunque mantengan la esperanza porque las cosas puedan cambiar el lunes. ¿Verdad, amigos?

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

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