CHARLANDO CON MAGNÍFICO MARGARITO

Primera pregunta. ¿Es usted tan Magnífico que sería capaz de guardar la compra en bolsas al ritmo que le marcan las cajeras de Mercadona?
Como es probable que me responda que qué es la compra, dígame. ¿De qué se alimenta usted, además de buen vino y whisky solo?

Siempre me ha agobiado muchísimo ese ritmo de manos de cajera, van demasiado rápido para mí, que tengo una habilidad digamos que limitada y me pongo nervioso con las colas que formo, la tarjeta de crédito, se me olvida el pin… Un desastre.

En cuanto a la compra, se equivoca. Soy una maruja, me encanta cocinar, y comprar, y esas cosas. El vino y el whisky lo dejamos para los bares. En casa no se bebe.

 

Usted y los bares. ¿Es tan Magnífica esa relación como parece? ¿Ellos le dan la chispa necesaria para prender su combustión interna que hace que su alma describa la realidad como la describe?
(venga, que ésta me la ha chivado la batería de Buddy Rich que tengo sonando de fondo)

Buddy Rich, qué maravilla. A ver, los bares y yo… Últimamente escribo en casa, en los bares acaban dándome el coñazo unos u otros, y además la novela me exige tener cierta infraestructura en la mesa: un cuaderno, el ordenador, post its, un mapa de ruta, bolis, Hemingway, Vila-Matas… Demasiado lío y demasiado complejo para un bar, que necesita romanticismo y otoño. Soledad, vino, una luz especial, llegar y besar el santo. Y un punto de alcohol que me viene muy bien para algunos textos del blog.

Me apasionan, eso sí, las terrazas de los bares de fuera de España, esas terrazas que no son terrazas veraniegas. Una mesa cuadrada de madera anclada al suelo, sin mariconadas, ni mojitos, ni mierdas.

 

O sea, que para la historia mundana, los bares y todo lo que les rodea, y para la divina, nada mejor que el propio lar, como isla en la que abstraerse y pensar.
Normal por otra parte, dado que en España hasta en silencio, gritamos, y así no hay quien pueda concentrarse.

Más o menos. No considero que mi blog sean textos peores que la novela, ni que sea una segunda categoría. Creo que mi mejor versión es la de velocista, me gusta ganar por K.O. Una novela exige ganar a los puntos y es algo que me está costando la vida. Lo de España y el silencio, sin comentarios. Este país está lleno de maleducados en todos los niveles. Odio a la gente que grita en los bares.

 

Seguimos hablando de bares, en esta ocasión unidos a su gran pasión por la lectura.
¿A un bar se puede ir a leer, o sólo se llevan libros allí por postureo?
Se lo digo porque yo, a veces, no puedo ni pensar, así que no me quiero imaginar lo que tiene que ser estar concentrado en la lectura…

 

Hay gente pa tó. Seguro que algún bar habrá donde poder leer, pero los bares están para beber y para charlar, no para leer. Yo habitualmente llevo encima 3/4 libros porque leo en el bus, en el tren, en el baño, en la cama, en el sofá… Soy un poco freak, pero esto es algo relativamente nuevo. Antes de Magnífico no leía tanto. Ahora leo para aprender. Y además de los libros llevo siempre el portátil para poder escribir allá donde esté. Cuando las musas llegan, puedes darte por jodido porque detienes lo que sea necesario para ponerte a escribir. Es un secuestro.

 

Ya que hablamos de charlar. ¿Qué tal le va a Chema, que tan buenas charlas nos brindó?
Hace mucho que no sabemos de él, nosotros sus ávidos lectores.

(Risas)
Tiene razón. Prometo que volverá pronto. Es un personaje que surgió de la nada, que utilicé para echarle la bronca y que para mi sorpresa, a mucha gente le encantaba.

Generaban empatía con él. Debería hacer un spin off.

 

Es que Chema éramos nosotros, de ahí nuestra empatía con él. Era la mejor manera de formar parte del mundo de Magnifico Margarito en primera persona.

Chema también era yo, en realidad. Echarte la bronca a ti mismo, en primera persona, es un poco cutre, adolescente, a no ser que seas Jaime Gil de Biedma y escribas un verso como aquel “Contra Jaime Gil de Biedma”… En tercera persona funciona mejor, pero echar una bronca general es un poco violento, por eso surgió personalizar en un tío cualquiera. Chema me pareció el nombre más corriente, podría ser cualquiera.

 

Chema siempre fue el panadero de Barrio Sésamo, que la verdad es que era el tipo más corriente, así que lo debe dar el nombre.

Era cocainómano, decía la leyenda. De ahí sus eternos polvos blancos.

 

O sea, que lo que le manchaba la camisa no era harina. Ahora me explico muchas cosas.
Leyendas y mitos… Por cierto, enhorabuena por su reciente serie sobre los mitos de la humanidad. Es de lo mejor que he leído últimamente.

Joder gracias.

No ha sido muy leído la verdad. Pero ya sabes tú cómo es esto. A veces no conectas y cuando menos te lo esperas… Boom. Esa vertiente más de ensayo me gusta mucho pero no es muy popular.

 

Eso es por el verano, no se preocupe.
Sólo las bicicletas son para el verano (y los anuncios de Estrella Damm), todo lo demás, en estos meses estivales, pasa inadvertido.
Un pena que ese torrente de maravillosas ideas haya caído un poco en la indiferencia, pero tranquilo que el tiempo pone a cada uno –y a cada cosa– en su sitio.

Le voy a ir dejando ya tranquilo, que lo poco gusta y lo mucho cansa, y no quiero que se canse de mí en la primera entrevista. Así que le lanzo la última, que invita la casa.
¿Se espera alguna novedad Magnífica de cara a la nueva temporada?

Tengo muchos planes, estoy todo el día inventando. La novela… Es durísimo y tengo poco tiempo, pero ahí va. Me está saliendo algo muy raro y muy intenso, un poema patético. No sé si la acabaré algún día. Creo que la primera novela en realidad nunca se acaba, te acompaña siempre porque quieres continuarla u olvidarla. Tengo otra en mente, relacionada con los toros. También quiero pintar una serie de cuadros tachando versos de Juan Ramón. Me encantaría terminar “Consejos para una hija”. No sé, Paty. En el fondo lo que me gustaría es hacer un verso bueno y retirarme. Nunca se sabe por dónde tiraré, me muevo a golpe de ocurrencia, de inquietud, de inspiración sin contención, como Unamuno, salvando las distancias cósmicas. No sé que haré, es impredecible. Pero o escribo o me muero, eso lo tengo claro. Magnífico Margarito me ha salvado la vida y le debo un respeto. Los textos que publico en el blog son mi verdadera dimensión, para bien o para mal.

 

Muchas gracias por todo, Don Magnífico Margarito.

Gracias a ti por esta entrevista, a todas luces inmerecida. No sé en realidad cuánta gente me lee por tus recomendaciones, pero no dudes que son muchos los lectores que me han conocido gracias a ti. Y lectoras, la verdad es que hay muchas mujeres, me llama la atención. Lo dicho, que gracias amigo. Nos vemos en los bares del mundo, no?

 

Por supuesto!!

 

Hoy, los besos para ellas y los abrazos para los demás, los damos entre dos, que para eso tengo invitado.
Se os quiere, y lo sabéis.

P.D.: Podéis, y debéis, leer todo lo que escribe este genio moderno. Todo está en magnificomargarito.com

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