BRINDO POR USTEDES


 

Que la vida da muchas vueltas, es incuestionable. Que unas veces lo hace para un lado y otras para otro, innegable.
Así que como los giros, la gran parte de las veces, no se pueden controlar, intentar sentar jurisprudencia con los designios del destino es tarea ardua difícil.

Por lo tanto aseverar algo es prácticamente imposible; pero anoche, cada vez que le daba al play, ni cabeza, y sobre todo mi corazón, sabían que cada pulsación era un número menos en la –eterna, lo sé– cuenta atrás que desemboca en mi retiro del mundo de la música.

Cantidad de recuerdos me vinieron a la mente (he de decir que trabajé casi la sesión por completo, con un nudo en la garganta y los ojos vidriosos). Y más teniendo en cuenta que durante la tarde de ayer tuve el inmenso placer de compartir charlas y risas con muchos de vosotros. La verdad es que no escuché más que buenas palabras hacía mí, y eso hizo que me sintiese reconfortado conmigo mismo y con la labor desarrollada durante los últimos 29 años en lo musical –y sobre todo en lo personal–.

Así que desde que empezó a sonar la primera canción que puse, las caras de todos vosotros (y de tantos otros no presentes) me fueron apareciendo, una tras otra, de forma secuencial por mi cabeza, haciendo que recordase vivencias pasadas. Porque como siempre os digo, todos tenéis para mí vuestra propia canción.
GRACIAS.

 

En mi maquiavélico plan de huida, poco a poco voy dando los pasos para reducir a la mínima expresión mis ansias de espectáculo y show. De cantar como si no hubiese un mañana. De mirar, ver, oír y sonreír ante lo que tengo delante. Y tras conseguir alejarme de residencias semanales en 2019, este 2020 va a traer que mi nombre ya nunca más aparezca en solitario. A partir de ahora, como bien me enseñó La Bola de Cristal, «Sólo no puedes. Con amigos, sí», que para eso los tengo tan buenos. Desde hoy, auriculares compartidos siempre.

Además creo de forma convincente que está es la única manera de poder seguir disfrutando pinchando, dado que cada vez me he vuelto más antisocial, huraño y gruñón. Sólo con una presencia amiga al lado se puede aplacar ese pequeño demonio que llevo dentro, y que cada vez es más asiduo a aparecer, pudiendo convertir un momento de asueto y disfrute, en un pozo negro de ansiedad y odio.

 

Todo esto lo escribo mientras disfruto del Concierto de Año Nuevo, que es la mejor manera de empezar enero, a pesar de que durante mucho tiempo pensase que salir era el no va más, aunque las segundas horas del día estuviese hecho un trapo.
Me hecho muy amigo de la familia Strauss, sin duda.
Así que permítanme que me vaya despidiendo, dado que en unos minutos mis manos estarán ocupadas dando palmas.

 

Besos para ellas y un abrazo para los demás.
Se os quiere y lo sabéis.

 

P.d.: «Disfruten de la música, pero comprénsela, que los músicos no viven del aire» –palabras de Martín Llade, como epílogo del Das Neujahrskonzert retransmitido por TVE– creo que es la postdata más acertada con la que concluir este texto.

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